La vuelta a la belle époque

| 2.8.10 | comentarios »

(...) el capitalismo contrarreformado y remundializado de nuestro tiempo se parece bastante al capitalismo prerreformado y mundializado de la belle époque del último tercio del siglo XIX, tan bien estudiado por Marx (y Engels) en su dinámica innovadora y, a la vez, depredadora, expropiadora, colonizadora y belicista. Vistas las cosas desde ahora, las tres o cuatro décadas de capitalismo socialmente reformado y conscientemente desmundializado que siguieron a la derrota militar y política del fascismo en la II Guerra Mundial, parecen un período excepcional. Con la llamada "globalización" volvió, si me permites la exageración inevitable en una entrevista corta, la "normalidad" capitalista. Y con la vuelta de la "normalidad" capitalista, era en cierto modo inevitable alguna vuelta a Marx.

| Antoni Doménech en entrevista.

Manipulación y medios de comunicación

| 6.5.10 | comentarios »

Conferencia del sociólogo Felipe López-Aranguren.



| via: Rebelión en la Colmena.

Urbanismo | Guy Debord

| 2.2.10 | comentarios »

"Y quien llega a ser Señor de una ciudad acostumbrada a vivir libre y al punto no la destruye, que tema ser destruido por ella, porque ésta tiene siempre por refugio en sus rebeliones el nombre de la libertad y sus viejas costumbres, las cuales ni por el paso del tiempo ni por beneficio alguno se olvidarán jamás. Y por más que se haga o se provea, si no se expulsa o dispersa a sus habitantes, estos no olvidarán en ningún momento ese nombre ni esas costumbres..."
Maquiavelo, El Príncipe.

La producción capitalista ha unificado el espacio, que ya no está limitado por sociedades exteriores. Esta unificación es al mismo tiempo un proceso extensivo e intensivo de banalización. La acumulación de mercancías producidas en serie para el espacio abstracto del mercado, al mismo tiempo que debía romper todas las barreras regionales y legales y todas las restricciones corporativas de la edad media que mantenían la calidad de la producción artesanal, debía también disolver la autonomía y calidad de los lugares. Esta fuerza de homogeneización es la artillería pesada que ha derribado todas las murallas chinas.

Es para llegar a ser cada vez más idéntico a sí mismo, para aproximarse mejor a la monotonía inmóvil, para lo que el espacio libre de la mercancía es, a partir de ahora, incesantemente modificado y reconstruido.

Esta sociedad que suprime la distancia geográfica acoge interiormente la distancia en tanto que separación espectacular.

Subproducto de la circulación de mercancías, la circulación humana considerada como un consumo, el turismo, se reduce fundamentalmente al ocio de ir a ver aquello que ha llegado a ser banal. La organización económica de la frecuentación de lugares diferentes es ya por sí misma la garantía de su equivalencia. La misma modernización que ha retirado del viaje el tiempo le ha retirado también la realidad del espacio.

La sociedad que modela todo su entorno ha edificado su técnica especial para trabajar la base concreta de este conjunto de tareas: su territorio mismo. El urbanismo es esta toma de posesión del medio ambiente natural y humano por el capitalismo que, desarrollándose lógicamente como dominación absoluta, puede y debe ahora rehacer la totalidad del espacio como su propio decorado.

La necesidad capitalista satisfecha en el urbanismo, en tanto que congelación visible de la vida, puede expresarse - empleando términos hegelianos - como la predominancia absoluta de "la apacible coexistencia del espacio" sobre "el inquieto devenir en la sucesión del tiempo".

Si todas las fuerzas técnicas de la economía capitalista deben ser comprendidas como operantes de separaciones, en el caso del urbanismo se trata del equipamiento de su base general, del tratamiento del suelo que conviene a su despliegue; de la técnica misma de la separación.

>> CONTINUAR [en #172]

| fuente: El Acondicionamiento del Territorio, en Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo.

| relacionado: Sobre la destrucción de las ciudades en tiempos de paz, de Jean-Claude Michéa.

Un punto azul pálido

| 22.12.09 | comentarios »



Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.

Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos.
Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.

Carl Sagan, Un punto azul pálido.


| Comenzar a ver la serie Cosmos.

La economía como política

| 19.10.09 | comentarios »

De Colbert a de Gaulle pasando por Napoleón III, el Estado ha concebido siempre la economía como política, no menos que la burguesía, que se beneficia de ella, y los proletarios, que la afrontan. No hay mucho más que este extraño estrato intermedio de la población, este curioso agregado sin fuerza de aquellos que no toman partido, la pequeña burguesía, que siempre ha fingido creer en la economía como en una realidad, porque su neutralidad quedaba así preservada. Pequeños comerciantes, pequeños jefes, pequeños funcionarios, dirigentes, profesores, periodistas, intermediarios de todo tipo forman en Francia esta no-clase, esta gelatina social compuesta de la masa de aquellos que querrían simplemente pasar su pequeña vida privada al margen de la história y sus tumultos.

| fuente: Tiqqun, en La insurrección que viene, 2008.