El cerco mediático

| 19.6.06

Los grandes medios no son cómplices del terrorismo, del mismo modo que EEUU o los grandes grupos económicos tampoco son cómplices del terrorismo. Y digo que no son cómplices porque ellos son el terrorismo. Si la muerte de miles de personas en el mundo por hambre o enfermedades es terrorismo, silenciarlo en los medios, también es terrorismo.

Hoy, en 2006, ya no hay un golpe de Estado o un crimen de Estado o una masacre que no cuente con su correspondiente complicidad mediática.

Y si para enfrentar a ese terrorismo hacen falta ciudadanos valerosos y concienciados y organizaciones sociales eficaces y comprometidas, también necesitamos crear una red de medios y métodos de comunicación que permitan sumarse al clamor de la verdadera lucha contra ese terrorismo.

Para el poder, informar es tener periodistas empotrados entre sus tropas, informar es organizar un escándalo mediático contra un presidente norteamericano por una felación, pero no por invadir o masacrar un país. Y para ellos terrorismo es toda iniciativa popular que se enfrente al imperio.

No olvidemos que a los 18 años Nelson Mandela era considerado por los medios y por EE.UU. “terrorista” mientras los guerrilleros mujaidines en Afganistán, entre cuyas filas estaba Osama Bin Laden, eran calificados de “héroes luchadores por la libertad” por su labor en la guerra contra la Unión Soviética.

Del mismo modo, en los años 30, las fuerzas clandestinas judías en Palestina eran consideradas como una organización “terrorista”, y fueron ofrecidas recompensas en el Reino Unido de cien mil libras esterlinas por la captura de Menachem Bejín, hombre que más tarde fue el primer ministro electo de Israel. Años después, cuando los poderosos crearon el estado de Israel, los terroristas pasaron a ser los palestinos para los grandes medios. Sin embargo, cuando se iniciaron los diálogos palestino-israelíes, el líder de la OLP, Yaser Arafat, pasó de ser terrorista a ser el dirigente internacional más veces recibido por el presidente Bill Clinton.

Recordemos también, que George Washington y sus tropas fueron considerados “terroristas” por el imperio británico. Calificación similar a la que dieron a Gandhi.

Existe un cambio a tener en cuenta en los últimos cincuenta años: el papel de los medios de comunicación. Hoy, ellos pueden someter –y someten- a embargo informativo al díscolo y promover y elevar –y lo elevan- a los altares al sumiso como nunca antes había ocurrido. Desde el mensaje del político hasta el del intelectual, todo se difunde tamizado y expurgado por ellos. Se purgan ideas y líderes o intelectuales desaparecen de la realidad de los medios y, por tanto, de la sociedad. Si, en algún caso, no se les puede desaparecer, como a presidentes como el cubano o el venezolano, se les sataniza. Pero suele bastar la primera opción.

Por ello, quizás no sea del todo precisa la percepción de que apenas existen intelectuales críticos con el poder y que la mayoría de éstos se han pasado al bando del dominante. Percepción que nos hace a muchos sentirnos paralizados por lo que yo llamaría el síndrome del perro verde, percibirnos extraños en nuestra propia sociedad y en nuestro propio tiempo. Individuos que no nos reconocemos en nuestro mundo. Primer paso para la frustración, la impotencia y el enclaustramiento.

Estoy convencido de que muchos de los ejemplos de intelectuales críticos de otros tiempos, Sartre, Rusell o en mi país Lorca, Machado o Hernández, hoy estarían en la penumbra social fruto de la oscuridad mediática. Cualquier tiempo pasado no fue mejor en lo referente al compromiso de los intelectuales. Sí lo fue mejor en lo que respecta al acceso de la sociedad a su pensamiento. Lo vemos constantemente en eventos que son sistemáticamente silenciados en los medios de comunicación, la omertá mediática que he denunciado antes. No estamos ante el dominio del pensamiento único, sino ante la difusión de un único pensamiento. Hoy no haría falta encerrar a Miguel Hernández hasta que muriese de tuberculosis, ni fusilar a Lorca o que se tuviese que exiliar Antonio Machado. La plutocracia mediática los silenciaría con quizás el mismo efecto.
La tragedia es la puesta en marcha de un sistema de genocidio informativo de todo intelectual rebelde y de consolidación de la meritocracia mediática del sumiso y halagador.

Los intelectuales comprometidos están ahí, presos y exiliados por el apagón informativo que les han impuesto, pero muchos sabemos que están. Vamos a ir organizando grupos de pasos que emitan al aire vuestra palabra, que impriman sus letras, que iluminen sus imágenes. En editoriales, en periódicos en internet como Rebelión.org y otros muchos más, en radios y televisiones libres y comunitarias, en la elaboración de buenos documentales y publicaciones que se distribuyan en redes sociales que desplacen a las telarañas mediáticas que utilizan para apresar a los individuos en el mundo de la mentira y la sumisión.

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