De memorias históricas

| 15.12.06

Susan Sontag

En la actualidad los pueblos que han sido víctimas quieren un museo de la memoria, un templo que albergue una narración completa, organizada cronológicamente e ilustrada de sus sufrimientos. Los armenios, por ejemplo, han reclamado durante mucho tiempo un museo en Washington que dé carácter institucional a la memoria del genocidio del pueblo armenio que perpetraron los turcos otomanos. Pero, ¿por qué aún no existe en la capital de la nación, que es una ciudad de abrumadora mayoría afroamaericana, un museo de la Historia de la Esclavitud? En efecto, no hay un Museo de la Historia de la Esclavitud – toda la historia, desde el comercio de esclavos en la propia África- en ningún sitio de Estados Unidos. Al parecer es un recuerdo cuya activación y creación son demasiado peligrosas para la estabilidad social. El Museo Conmemorativo del Holocausto y el previsto Museo y Monumento del Genocidio Armenio están dedicados a lo que no sucedió en Estados Unidos, así, la obra de la memoria no corre el riesgo de concitar una resentida población nacional contra la autoridad. Contar con un museo que haga la crónica del colosal crimen de la esclavitud africana en Estados Unidos de América sería reconocer que el mal se encontraba aquí. Los estadounidenses prefieren imaginar el mal que se encontraba allá, y del cual Estados Unidos – una nación única, sin dirigentes de probada malevolencia a lo largo de toda su historia- está exento.

(via Esta no es mi vida)