Blog de Vicente Verdú

| 7.12.06

Una sociedad que elimina la tragedia de su vida porque le molesta y en cambio apoya el optimismo como un valor para sentirse bien, al final acaba instalándose en un estado de felicidad permanente que corresponde a una mentalidad infantil. No tiene en su mente los graves problemas que asolan al mundo, las contradicciones, etc. A ello también contribuye la cultura, que en vez de ir dirigida a la reflexión profunda, es una cultura de distracción que es lo que a los niños se les ofrece.

Los norteamericanos han estado desde la Segunda Guerra Mundial produciendo entretenimiento, que es la cultura número uno en EEUU. No es que ellos hagan una manipulación de la conciencia, y que en ese vacío infundan la distracción, sino que atienden el lado más sensible del individuo para buscar apartarle de los problemas. Esto llevado a los extremos hace que lo más importante en nuestras vidas sea la diversión: divertirse hasta morir.

Creo que una creciente minoría está dándose cuenta de que vivimos esta ficción y quiere sacudirse este mundo de mentiras, falsedades y trivialidad. Y lo quiere hacer porque cree que esto está contribuyendo a arruinar su dignidad como ser humano.

Este sistema nos induce a comprar cosas, amueblar la casa, etc. Pero si vas a ver, lo que nos hace ser felices no es amueblar la casa sino amueblarnos nosotros. La cultura no es un asunto ornamental, es un arma, es el alimento a partir del cual uno tiene la sensibilidad más acentuada, alertas más despiertas, capacidad de interpretación y reflexión. La cultura está desprestigiada porque cultura no da más dinero. Llegará un momento donde la sociedad, hastiada de bienes, tomará estos derroteros. En Europa hay personas que aceptan una bajada de salario a cambio de más tiempo libre.

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Estos temas, y otros, los trata día a día en su más que recomendable blog.