Del politicismo vacío

| 18.1.07

Una de las cosas que ahora “se” dicen –una “corriente”- es que, incluso a costa de la claridad mental, todo el mundo tiene que hacer política en sentido estricto. (...)

El politicismo integral, la absorción de todas las cosas y de todo el hombre por la política, es una y misma cosa con el fenómeno de la rebelión de las masas que aquí se describe.

La masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y de conocimiento. No puede tener dentro más que política, una política exorbitada, frenética, fuera de sí, puesto que pretende suplantar al conocimiento, a la religión, a la sabiduría; en fin, a las únicas cosas que por su sustancia son aptas para ocupar el centro de la vida humana.

La política vacía al hombre de soledad e intimidad, y por eso es la predicación del politicismo integral una de las técnicas que se utilizan para socializarlo.

Cuando alguien nos pregunta qué somos en política o, anticipándose con la insolencia que pertenece al estilo de nuestro tiempo, nos adscribe a una, en vez de responder, debemos preguntar al impertinente qué piensa él que es el hombre y la naturaleza y la historia, qué es la sociedad y el individuo, la colectividad, el Estado, el uso, el derecho. La política se apresura a apagar las luces para que todos estos gatos resulten pardos. (...)

José Ortega y Gasset,
'La rebelión de las masas', 1937.

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