Banalizando la realidad: catástrofes y publicidad

| 5.1.07

Erich Fromm, 'El miedo a la libertad' (1941)

La noticia del bombardeo de una ciudad y la muerte de centenares de personas es se­guida o interrumpida, con todo descaro, por un anun­cio de propaganda sobre jabón o vino. El mismo anunciador, con esa misma voz sugestiva, insinuante y autoritaria, que acaba de emplear para convencer­nos de la seriedad de la situación política, trata aho­ra de influir sobre su público acerca del mérito de determinada marca de jabón, que ha pagado los gas­tos de las noticias radiales. Los noticieros cinemato­gráficos nos presentan muestras de moda a continua­ción de escenas de buques torpedeados. Los diarios se refieren a las ideas vulgares o a los gustos ali­mentarios de alguna nueva estrella con la misma se­riedad y concediéndole el mismo espacio con que tra­tan los sucesos de importancia científica o artística.

A causa de todo esto dejamos de interesarnos since­ramente por lo que oímos. Dejamos de excitarnos, nuestras emociones y nuestro juicio crítico se ven dificultados, y con el tiempo nuestra actitud con respecto a lo que ocurre en el mundo va tomando un carácter de indiferencia y chatedad. (...) la vida pierde toda estructura, pues se la reduce a muchas piezas pequeñas, cada una se­parada de las demás, y desprovista de cualquier sen­tido de totalidad. El individuo se ve abandonado frente a tales piezas como un niño frente a un rom­pecabezas; (...) no alcanza a ver el significado del todo, cu­yos fragmentos han llegado a sus manos. Se halla perplejo y asustado y tan sólo acierta a seguir mi­rando sus pequeñas piezas sin sentido.

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