En manos de imbéciles peligrosos

| 28.11.07

Algunas historias del frente de batalla en la “guerra contra el terrorismo”, más conocida como la era de la paranoia. (...)

Un hombre que estaba sufriendo un coma diabético en un autobús en la localidad británica de Leeds recibió dos disparos de una pistola eléctrica ante el temor de la Policía de que supusiera un riesgo para la seguridad de los viajeros. La zona de equipajes del aeropuerto norteamericano de Portland quedó sellada durante seis horas al aparecer una sustancia blanquecina: resultó ser una mezcla de harina y azúcar.

Un guardia de seguridad expulsó a un hombre de un pub en Cairns, Australia, porque estaba leyendo la novela “El terrorista desconocido”. Algunos clientes se habían puesto nerviosos.

Cuando explicaron lo que había ocurrido al autor de la novela, Richard Flanagan respondió: “¿A qué nivel de estupidez hemos llegado en esta sociedad cuando te expulsan de un bar por la portada de un libro?".

Son casos reales ocurridos en las últimas semanas y seleccionados por el blog Schneier on Security. No es necesario llevar una camiseta con la leyenda “Bush es un terrorista” para que te saquen de un avión (ha sucedido en EEUU) o hablar en árabe para que te ocurra lo mismo (ha sucedido en EEUU y también en España). La paranoia exacerbada de las autoridades, unida a los efectos del miedo inoculado en la gente corriente, han terminado por crear el cóctel perfecto: todos somos sospechosos y la Policía tiene todo el derecho del mundo a obrar en consecuencia. Y si te resistes, eso confirma que la Policía tiene razones de peso para actuar. (...)

Es una constante de la historia de la humanidad desde que los hombres empezaron a agruparse en ciudades. El miedo es el mejor factor cohesionador para que los ciudadanos terminen haciendo lo que las autoridades quieren que hagan. El rostro del enemigo va cambiando, la necesidad que siente el Estado por controlarnos, no. (...)

Como dice Schneier, el objetivo del terrorismo no es matar gente, sino crear terror. Lo primero es el medio. Lo segundo, su auténtico fin. Los objetivos de sus acciones no son los que mueren, sino los aterrorizados por esas muertes.
Su única victoria se la podemos conceder nosotros. Si nuestra vida no se parece mucho a lo que era antes de los atentados, ellos han vencido. Si consiguen paralizar estaciones, puertos y aeropuertos, ellos han vencido. Si desconfiamos de los que tienen un color distinto, hablan otro idioma o rezan a otro Dios, ellos han vencido.

¿Llegarán a entenderlo algún día los imbéciles?


fuente: Iñigo Sáenz de Ugarte, Guerra Eterna.

4 comentarios:

Brulay dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Brulay dijo...

Algunos todavía no comprenden que las fuerzas de seguridad no están ahí para nuestra seguridad sino para "su" seguridad. Nos entendemos, fuerzas del orden (establecido).

Está claro, el miedo tuerce hacia la derecha la intención de voto.

Anónimo dijo...

A ver si puedes colgar el siguiente documental:


-Triunfo de la especulación, de la burocracia política y sindical y la derrota del empleo y de la solidaridad. 45 Festival Internacional de Cine de Gijón, estreno de:
" El Astillero"
Miguel Ángel Llana

www.rebelion.org

Anónimo dijo...

Mira los ojos de la gente a la que cuentas que leíste el Corán, aunque sólo fuese por curiosidad.
Políticos y jueces cobardes = Policía con miedo