Así habló Kropotkin

| 18.6.09

[Piotr Kropotkin (1842-1921), geógrafo y pensador político ruso]

Esta organización monstruosa hace que cuando el hijo del trabajador ingresa en la vida, no tiene campo que cultivar, ni máquina que manejar, ni mina que explotar si no le cede al amo la mayor parte de lo que produzca. Vende entonces la fuerza de su trabajo a cambio de una ración mezquina e insegura. Si tiene permiso para dedicarse al cultivo de un campo, debe ceder la cuarta parte del producto al amo y la otra al gobierno y a los intermediarios. Si se dedica a la industria, podrá trabajar a condición de no recibir más que un tercio o la mitad del producto. El resto será para quien la ley reconoce como propietario de la máquina.

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Cuando contamos el número de los que no producen, dentro de países civilizados, de personas que trabajan en industrias nocivas que deberán desaparecer, y de intermediarios inútiles, vemos que cada uno de ellos podría duplicar el numero de productores reales. Bastaría con reducir el despilfarro de la fuerza humana al servicio de familias ricas, o de la administración que cuenta con un funcionario por cada diez habitantes y usar esas fuerzas para aumentar la productividad de la nación, limitar las horas de trabajo a cuatro o a tres, a condición de conformarse con la producción actual.

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El exceso de trabajo repugna a la naturaleza humana, pero no el trabajo. El exceso de trabajo para proveer a una minoría los lujos, pero no el trabajo que origina el bienestar de todos. El trabajo, la labor, es una necesidad psicológica; la necesidad de gastar la energía física acumulada; una necesidad que es en sí la salud y la vida. Si tantas clases de trabajo útil son hechas ahora de mala gana, es únicamente porque imponen un exceso de trabajo o no están bien organizadas. Nosotros sabemos -el viejo Franklin lo sabía también-, que cuatro horas de trabajo útil por día son más que suficientes para que todo el mundo pueda gozar del bienestar de una casa, de una familia verdaderamente acomodada de la clase media, si todos nosotros nos dedicáramos a un trabajo productivo y no derrochásemos nuestras fuerzas productivas, como hacemos ahora. En cuanto a la cándida cuestión que desde unos cincuenta años se viene sosteniendo de ¿quién hará el trabajo desagradable?, yo lamento francamente que ninguno de nuestros sabios se haya visto obligado a hacerlo, aunque fuera tan solo por un día. Si hay todavía trabajo que es desagradable en sí, es únicamente porque nuestros científicos no han querido pensar en los medios para hacerlo menos desagradable; han sabido siempre que había una multitud de hambrientos que harían aquellos trabajos por unos cuantos céntimos al día.

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Fue la necesidad la que en un principio llevo al hombre a cazar, criar ganado, cultivar la tierra, hacer herramientas y luego a inventar maquinas. Es el estudio de las necesidades lo que debiera regir la producción. Y seria lógico comenzar por ahí y luego ver como ingeniarse para atender las necesidades por medio de la producción.

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El trabajador obligado a luchar penosamente por la vida nunca llega a conocer los altos goces de la ciencia y de la creación artística. Para que todo el mundo llegue a estos placeres, que hoy se reservan al menor numero, para que tenga tiempo y posibilidades de desarrollar sus capacidades intelectuales, la renovación debe garantizar a cada uno el pan cotidiano. Y luego, tiempo libre. Este es nuestro propósito supremo.

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La literatura, la ciencia y el arte deben ser servidos por voluntarios. Solo con esa condición conseguirán liberarse del yugo del Estado, del capital y de la mediocridad burguesa que los ahoga.

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La mentira, la brutalidad, etc, no son repugnantes porque lo digan los códigos de moralidad, lo son porque sublevan los sentimientos de igualdad de aquel para quien la igualdad no es una vana palabra: sublevan sobre todo a quien es realmente anarquista en su manera de pensar y obrar.

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Se comprende fácilmente que, sin respeto, simpatía ni apoyo mutuo, la especie degenera. Pero eso no importa a la clase directiva e inventa toda una ciencia falsa para probar lo contrario.

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El capital se lleva la población del campo, explota las colonias y pueblos cuya industria no esta desarrollada y condena a la mayoría de los trabajadores a vivir sin educación técnica, como mediocres hasta en su propio oficio. El estado prospero de una industria se consigue por la ruina de otras diez. Y esto no es un accidente, sino una necesidad del régimen capitalista.

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Como nuestra civilización burguesa se basa en la explotación de las "razas inferiores" y de los paises atrasados industrialmente, el primer beneficio de la revolución será amenazar esta civilización, permitir que se emancipen las llamadas -razas inferiores-. Pero ese gran beneficio se manifestara en una disminución considerable de las entradas de víveres hacia las grandes ciudades de Occidente.

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El orden es la miseria y el hambre convertidos en estado normal de la sociedad; es el campesino irlandés muriendo de inanición, el campesino ruso, muriendo de difteria, de tifus, de hambre a consecuencia de la escasez, en medo de montones de trigo que se exportan al extranjero; es el pueblo italiano obligado a abandonar la fértil capiña de su país, para rodar por Europa buscando túneles que perforar y rudos trabajos que hacer, en donde expone su vida diariamente y en donde muere aplastado en plena juventud; es la tierra arrancada al campesino, para destinarla a engordar ganado que sirve para nutrir glándulas; es el suelo baldío, abandonado, sin cultivo, antes que restituírlo a quien le arrancaría con el esfuerzo de su brazos el pan sagrado de su familia. El orden es la mujer que se vende para alimentar a sus hijos, es el niño reducido al presidio de una fábrica, o a morir de hambre. (...) Veamos ahora el desorden, lo que las gentes sensatas llaman desorden. Es la protesta del pueblo contra el innoble orden presente, la protesta para romper las cadenas, destruir los osbátuclos y marchar luchando hacia un provenir mejor. El desorden es el timbre más glorioso que la humanidad tiene en su historia.

4 comentarios:

Bayo dijo...

Hola:

Hay varios libros que quiero leer de este anarcocomunista. Es un gran pensador.

Saludos.

Bayo

Ivanchink dijo...

Si te lees alguno y quieres transquibir algún fragmento destacable pasalo y lo ponemos por aqui.
Saludos!

Angol Mamalcahuello dijo...

Maestro Kropotkin. Acabo de terminar "L Conquista del Pan" y veo que muchas citas son de ese Libro.
Ahora voy por "Palabras de un Rebelde" y luego por "El Apoyo Mutuo".

Felicitaciones por escogerlo.
Salud y Libertad

Nunki dijo...

Día a día se rememoran grandes olvidados.