Miedos y medios

| 10.1.07

La simple necesidad que la gente siente de absorber varias veces al día noticias es ya un signo de angustia; la imaginación gira y gira, y de esa manera va creciendo y paralizándose. Constituyen una invitación a establecer contacto con demonios.

El gran mecanismo político no es lo único que mueve a sentir ese miedo. Hay además una cantidad innumerable de angustias particulares. Ellas traen consigo la incertidumbre y ésta deposita siempre su esperanza en médicos, en salvadores, en taumaturgos. Todo puede convertirse, efectivamente, en objeto de miedo. El poder y la salud están en quien no siente miedo.

(...) El terror es semejante a un fuego que se dispone a devorar el mundo entero.

(...) Siempre hay poderes que intentan colocarle (al ser humano) sus máscaras propias, poderes que unas veces son totémicos, y otras mágicos, y otras técnicos. Entonces aumenta la rigidez; y al aumentar la rigidez, crece también el miedo. Las artes se petrifican, el dogma se absolutiza.

(...) Sometidos como estamos a la fascinación de potentes ilusiones ópticas, nos hemos habituado a ver en el ser humano un simple grano de arena, si se lo compara con sus máquinas y con sus aparatos. Ahora bien, los aparatos son, y no dejarán de ser, decorados de teatro colocados por la imaginación inferior.

El ser humano es quien ha fabricado tales decorados y él es quien puede desmontarlos o bien darles un sentido nuevo. Es posible hacer saltar las cadenas de la técnica; y quien puede hacerlo es la persona singular (libre).

Ernst Jünger, 'La emboscadura'.
(fuente original)

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