De la cultura moderna
| 12.2.07El intercambio es muy reducido y es incluso perseguido, bajo la égida de la propiedad intelectual, estatuída financieramente en las leyes modernas; solo los tiempos vigorosos dan y reciben entre sí sin perder una palabra; hoy día es necesario ser muy rico para dejar que le arrebaten a uno sin protesta, sin "reclamar" para uno sus ideas, sin la obsesión de la prioridad. A esto hay que añadir la peste espiritual de los tiempos modernos: la originalidad, que responde por parte de quien recibe a esa necesidad de emoción del hombre fatigado. En cambio, en la antigüedad, cuando se encontraba bajo la acción saludable de un centro libre de intercambio la expresión más verdadera, más sencilla y más bella de algo, se formaba el consenso de todos en torno a ella y se la perpetuaba como lo más lógico del mundo. (...) La originalidad hay que tenerla, no "luchar por ella".
| fuente: Jacob Burckhardt, Reflexiones sobre la historia universal, 1889.
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